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Hay lugares en este fascinante planeta Tierra donde vivimos, que no necesitan palabras para describirlos. Muchos. Unos destacan por sus gentes, otros por su clima, otros por su increíble fisionomía, otros por una rica gastronomía, otros por su inédita fauna..

Y los hay, que por gracia divina lo reúnen todo. Este es el caso de las Islas Fiji, donde no hace ni frío ni calor, la arena coralina se desliza por los dedos como algodón, y los mil y un matices turquesas de sus aguas se integran de manera mágica con los litorales, lo mismo que los atardeceres, que ofrecen una sinfonía dentro de la paleta de los rosas, morados y lilas, algo que solo se produce en los mares del sur. Por eso se necesitan pocas palabras, mejor dicho sobran, para expresar lo que uno siente al viajar a Fiji. Con observar, sentir y dejarse mecer suavemente por todo lo que te envuelve, uno no necesita más que dejar pasar el tiempo sintiéndose vivo, muy vivo. Realmente ese día, al diseñar las inconfundibles islas Fiji, el Creador se debió sentir especialmente generoso. Si algo destaca de estas islas, son sus gentes, sencillamente encantadoras, con una sonrisa y un saber hacer muy especial. Un paisaje humano que durante varias generaciones ha crecido con sabor a colonia británica, sin perder por ello toda la magia que emana de una atrayente mezcla de razas. Y nada de ello hace intuir que en su día, tal y como lo prevenía el intrépido James Cook, fue una tierra de feroces caníbales. Al menos cuando uno tiene la oportunidad de recibir los masajes. Realmente únicos.

De las 300 islas que conforman este archipiélago, hemos elegido tres por su excelente calidad: Dolphin Island, Vatulele y Yasawa. Para llegar hasta las Fiji desde Madrid, hace falta hacer varios trasbordos y con el cambio de horario la sensación es de estar lejos, muy lejos. Literalmente en las otra punta del mundo, en las Antípodas. Se puede ir bien vía Los Ángeles (desde Londres, París o donde uno elija) o por el otro lado, Australia, Nueva Zelanda, Japón... Y mientras el organismo se readapta tanto a la ida como a la venida, se recomienda dormir en Nadi (capital de Viti Levu, la más grande de las islas) una noche y tras el desayuno acudir al Mandara Spa del Sheraton, donde unas manos expertas, harán que el jet lag se esfume en cuestión de minutos. Y si se ve con ganas, tiene a su disposición dieciocho hoyos para tonificar los músculos y el alma entre green y green, antes de coger el primer vuelo (las compañías de aerotaxis son muy eficaces) a su primer destino.

YASAWA r> r> El aterrizaje desde un cielo decorado por un manto de aguas turquesas se vislumbra algo difícil entre lo que se supone es sólo un bosque a lo lejos. Pero al descender, se va poco a poco dibujando una pista de espeso césped. Y como todavía estamos con algo de sueño no nos percatamos realmente de la "aventura" que nos depara esta isla, que como todas las de Fiji, te recibe con unos brazos y una sonrisa inmensa, con unas bebidas refrescantes de los frutos que dan sus árboles y todo envuelto con el aroma de franjippani (florecita blanca autóctona de olor muy agradable), omnipresente hasta que volvamos a coger el avión de vuelta a casa. En Yasawa el alojamiento está compuesto por una docena de burés (casa típica de la zona que los resorts convierten en bungalós de lujo) que se alinean a pie de playa. ¿Actividades? Todas las relacionadas con el mar: snorkelling, buceo, catamarán... aquí hasta es posible bañarse con tortugas gigantes, experiencia altamente recomendable. En el poblado del interior de la isla, se puede asistir a sus ceremonias religiosas donde los cánticos corales dejan una huella difícil de olvidar. Otra de las excursiones propuestas es ir en barco hasta el Lago Azul, localización donde se grabó la famosa película que hizo célebre a Brooke Shields siendo aún una niña.

>VATULELE r> r> Cuando uno se imagina disfrutando en el paraíso, normalmente lo que dibuja en su mente es un lugar como Vatulele. Un sitio donde la arena se funde con la piel de tal manera que te hace sentir parte de la misma naturaleza, donde todo lo que se come es absolutamente delicioso, donde un pareo es todo lo que necesitas para vestirte, donde los amaneceres y las puestas de sol son sencillamente espectaculares, donde las cenas a la luz de las antorchas en mitad de la playa son inolvidables, donde las camas del bungaló son inmensas y las vistas desde las mismas, casi irreales.

>DOLPHIN ISLAND r> r> Las personas que vienen a Dolphin suelen ser clientes muy fieles. Afamados magnates, prestigiosos cirujanos y estrellas del celuloide que buscan desconectar. Y aquí por 4.500 euros al día tienen la isla a su disposición. Con sólo dos burés (uno para dormir y otro para estar), en veinte minutos andando uno se recorre esta miniisla, y aquí pueden desde no hacer absolutamente nada hasta practicar buceo o kayak. Y si no quiere desconectar tanto, Dawn y Stanley le hacen a uno sentirse tan "uno más", compartiendo con ellos sus bailes melódicos, las deliciosas cenas de sobremesas interminables en el suelo sobre la ceremonial napa tejida a mano, mascando ese té mágico de las Antípodas, que cuando llega la hora de susurrar el emotivo sa moce se llenan de lágrimas los ojos sin remedio. Pero bueno para eso está internet. ¡Vinaka vakalevu!

 

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