De julio a septiembre, durante siete sábados, el Anfiteatro de la ciudad hace retroceder 19 siglos en un espectáculo con la más moderna tecnología

Quien quiera conocer y ver cómo vivían los romanos en el siglo II no tiene más que visitar Tarragona este verano, sentarse en las gradas de su Anfiteatro… y dejarse llevar por las emociones. Del 15 de julio al 2 de septiembre, los sábados por la noche, la ciudad de los tres Patrimonios de la Humanidad por la UNESCO hará que sus milenarias piedras cobren vida con la 6ª edición de ‘Tarragona, Historia viva’; una recreación histórica fiel a la realidad en la que los gladiadores se mezclarán con un vanguardista espectáculo de luz y sonido. 

Dicen  en  Tarragona  que  su  conjunto  arqueológico  romano, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, es más que un museo al aire libre. Porque han hecho  que  esas  milenarias  piedras  cobren  vida  a  través  de  dos eventos de recreación histórica. El primero, el Festival ‘Tarraco Viva’,  tuvo  lugar  del  15  al  28  de  mayo.  Pero  durante  el  verano, Tarragona no renuncia a seguir enalteciendo sus raíces, ofreciendo a sus visitantes otro gran espectáculo.

Se trata de ‘Tarragona, Historia viva’ y se desarrolla durante los meses de julio, agosto y septiembre en el escenario real más emblemático de la ciudad: su Anfiteatro , con vistas al Mediterráneo, ese Mare Nostrum por el que los romanos llegaron en el siglo III antes de Cristo dispuestos a fundar allí la primera ciudad romana fuera de la peníncula itálica.

Desde  hace  seis  años, ‘Tarragona,  Historia  viva’  pretende mostrar  cómo  era  la  vida  cotidiana  y  militar  de  aquella Tarraco romana, haciéndonos retroceder nada menos que 19 siglos en el tiempo, todo un emocional viaje de retorno al pasado. Y lo hace con un moderno espectáculo que utiliza la última tecnología para crear una realidad virtual sobre la arena del Anfiteatro por la que también desfilarán gladiadores. Una recreación histórica cargada de magia y simbolismo que sorprenderá al público.

Y lo hace desde el máximo rigor histórico, que poco o nada tiene que ver con el mostrado por el cine, en inolviables películas como ‘Ben Hur’ (1959), ‘Espartaco’ (1960) o la más contemporánea ‘Gladiator’  (2000).  Ni  siquera  con  los  parques  temáticos  que construyen  escenarios  de  cartón-piedra.  En Tarragona,  el  legado arqueológico romano está tan integrado en la estructura urbana de la ciudad que es parte indisoluble de ella. De ahí que visitar esos monumentos haga que la realidad supere siempre a cualquier ficción .

 

‘Tarragona, Historia viva’ se desarrollará a lo largo de siete sábados, con representaciones que darán comienzo  a  las  22.00  horas.  Durante  el  mes  de  julio,  los  días  15  y  29  serán  en  catalán  y  el  22,  en castellano. En agosto, los días 5 y 26 se harán en castellano y el 12 en catalán. Y el cierre del festival, el 2 de septiembre, será con otra recreación en catalán. En todas las representaciones habrá subtítulos en inglés y francés para el público extranjero.

El precio de las entradas anticipadas es de 10 euros, para adultos, y de 7,50 euros para niños entre cinco y 12 años, y mayores de 65 años. Si la compra se realiza directamente en taquilla, los precios serán de 15 y 10 euros, respectivamente. Además hay una entrada familiar, para matrimonio y dos hijos, a un precio único de 35 €. La compra podrá realizarse próximamente a través de la web del Patronato Municipal de Turismo, www.tarragonaturisme.cat; en las oficinas municipales de Turismo, y también en las taquillas del Anfiteatro, dos horas antes de la representación.  

Pero ‘Tarragona, Historia viva’ es mucho más que ese espectáculo de recreación histórica. Supone la excusa perfecta para conocer los otros espacios arqueológicos que le valieron a Tarragona el reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad hace casi dos décadas, como el Circo, el Pretorio, las Murallas, el Foro Local, el Foro Provincial o ese Acueducto que da la bienvenida al visitante, a las afueras. 

Todo ello, sin  olvidar  el  componente  gastronómico que supone disfrutar de un almuerzo o una cena en restaurantes que conservan en parte de su estructura restos de la Tarraco romana, como el Pulvinar, en cuyo comedor principal se observa un muro que formó parte del Circo; Les Voltes, cuya cocina mediterránea se saborea bajo tres vueltas también del Circo; AQ, emplazado en el recinto de culto del Foro Provincial, conservando bien integrados en su pared del fondo restos romanos que pertenecieron a la zona de culto; o Barhaus, que atesora en uno de sus comedores privados un muro del Foro Provincial que data del siglo I después de Cristo.

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